Cartagena – Islas de San Bernardo

LA TORMENTA. Tercera jornada, la más marinera.

Como estaba planeado, a las 6am zarpamos hacia Titipán  (quizá el nombre oficial sea Tintipán, pero…) Múcura y El Islote, vía IslaPalma; esta última es la única que se ve desde Rincón del Mar, pues queda a solo 11 kilómetros. Las otras están a unos 23 k. Se hace una L abierta, rumbo oeste sur oeste y desde Isla Palma hacia el oeste noroeste tomando como referencia Isla Mangle, que se ve cerca y después a Titipán. Las condiciones se veían buenas, con unas nubes blancas hacia el oeste, detrás de Isla Palma y hacia el sur, sur oeste, muy lejos, una nube negra con forma de cono, pero fuera de nuestro rumbo

Rumbo Isla Palmaa Isla Palma.

 

AQUÍ LA FILMACIÓN DE LA SALIDA.

Sin embargo, ya en la segunda parte del recorrido, la nubecita negra comenzó a avanzar rápidamente sobre Isla Palma, seguida de un fuerte chubasco que se veía como una cortina gris; ya no “nubecita” sino “nubesota”. En algún momento pensamos acelerar el paso para tratar de llegar antes de la tormenta, pero rápidamente nos percatamos de que inevitablemente nos pasaría por encima. Y así fue. De un momento a otro no se veía nada hacia adelante y muy poco hacia los otros lados; empezó a soplar y por consiguiente el oleaje creció.

Aquí todavía era medio hipotética, pero se acercaba:

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La verdad, lo tomamos con calma y a punta de brújula y la experiencia de Andrés, que acomodó la popa hacia unas colinas de tierra que difusamente se dejaban ver al este, nos mantuvimos enrumbados al oeste zarandeados por el oleaje. Andrés, dicho sea de paso, como la niña del Exorcista, tiene la virtud de poder voltear la cabeza 180 grados. En una media hora pasó la nube con su chubasco y efectivamente nos apareció de frente Isla Palma.

Podríamos decir que fue una pruebita de lo que puede ser una tormenta en forma en el mar. En una situación de esas, más crítica, supongo que habríamos tenido que poner rumbo este hacia tierra firme y esperar que la deriva no fuera mucha. No vimos rayos, aunque se oyeron truenos encima de nosotros. Sin embargo, cuando Andrés dijo que apagáramos los celulares para evitar atraer las descargas eléctricas el asunto fue emocionante porque ni Felipe ni yo los teníamos a la mano para apagarlos. ¿Cómo se verá un kayakista achicharrado sobre el kayak con el faldón, el sombrero y sin soltar el remo?

Ya nuevamente con la Isla a la vista completamos lo que faltaba de las dos horas hasta ella. Allí hay un hotel Decamerón, a cuyos guardas presentamos saludos y después de cierto protocolo nos autorizaron a entrar a la tienda del hotel para tomarnos una cerveza, utilizar los baños y, en fin, estirar las piernas.

Ahí llegaron en una lancha nuestros compañeros de tierra que habían salido un buen rato después de nosotros. Recompuestos de la sed y con nuevos bríos salimos hacia Isla Mangle. Viento oeste y oleaje cruzado pero deliciosa navegación. Una hora completica hasta Isla Mangle, la cual, como su nombre lo indica, no es sino mangle con una playita mínima, aunque suficiente para descansar.

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A medio camino hacia Isla Mangle. Al fondo a la derecha se ve la tormenta en su ruta a tierra ya olvidándose de nosotros.

De Isla Mangle hacia Titipán el cálculo fue engañoso y nos tomó buenas dos horas adicionales, pero antes de llegar al hotel, que es en Punta Norte de Titipán, pasamos a Múcura, donde estuvimos un buen rato al cabo del cual, después de recibir elogios de un turista, dimos la vuelta a la isla y luego pasamos por El Islote (la isla más densamente poblada del mundo) a echar un vistazo sin bajarnos y ahí sí a buscar el hotel “Doña Laura” en Titipán.  En fin, una jornada de 33 kilómetros bien repartidos para unas seis horas largas de remo efectivo. Buen almuerzo en el hotel, con las consabidas cervezas y unos aguardientes de relajación espaciados y terminando a las 9pm en punto.

El hotel, aunque las habitaciones son unos cuarticos bastante estrechos,  no está mal para la ocasión y la terraza enfrente de los cuartos ofrece un buen ambiente. El baño no es privado por habitación y es más bien precario, es decir, un inodoro y un balde para bajarlo; aunque la puerta no es confiable, no hay necesidad de garrote para espantar los perros, pues estos son muy educados y no suben. Pero todo bien realmente, aunque la dosis de jején resultó un tanto excesiva en la prima noche y al amanecer cuando empezamos a alistar los kayaks para la salida.

En la tarde nada especial, lanchas de turistas con música a todo volumen y, cuando se van, esa apacible sensación de tiempo detenido que tiene los caseríos a la orilla del mar. Salvo por un incidente de violencia un tato confuso: un niño toma una canoa, un viejo lo llama y cuando regresa lo espera con una rama y lo azota fuerte en la espalda. La mamá (¿) maciza ella, se sale de casillas y ataca violentamente al viejo, lo golpea, lo enrosca por el cuello, lo sumerge como para ahogarlo, lo saca del agua y mientras tratan de separarlos le acomoda algunas trompadas. Se marchan ambos discutiendo. No supimos la relación del viejo con el niño, ni la de la señora con el viejo. La cosa se diluye en la tarde pero queda una sensación extraña y poco cómoda en el ambiente.

Conversamos, como siempre, sobre amigos o conocidos comunes, se comentan películas, cosas así. Esa sabrosa sensación de que no importa si se habla o no o si se habrá de recordar. Lo importante es la noche, la brisa, el mar y la levedad de la fuga con amigos. Si fumar no hiciera daño creo que sería magnífico hacerlo en este ambiente; no me hace falta, pero se tocó el tema. Tomamos tinto y dejamos un termo para el desayuno.En el hotell de TitipanIMG-20170621-WA0298

En la terraza

Desde la terraa del hotel de TitipanIMG-20170621-WA0066El comedor desde la terraza

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La Foto del Viaje!!  (By Alejandro Vargas)

 

EL INICIO

Bogotá – Cartagena el jueves en la noche, Felipe y yo como kayakistas y Alejandro y Lucho que harán el recorrido en la Nissan de Alejandro que ya está en Cartagena. Además de ser excelentes amigos y apoyo, gozarán también de cuatro días de vacaciones y, claro, desplegarán el don de la conversación y la anécdota, salteadita en aguardiente blanco, como los cánones mandan.

A las 5am, según lo acordado, aparecen en el hotel Bahía Carlos y Andrés Sánchez, nuestro guía y gerente operativo de Karib Kayak & Padle Center, con los tres kayaks en el techo del campero Land Rover de Carlos, las provisiones y todo lo requerido para esta expedición.

Nos dirigimos entonces vía Mamonal, la zona industrial de Cartagena, hacia Pueblo Nuevo, al sur, al costado este del Canal del Dique, a orillas de un caño bien lleno de taruya, o buchón en el interior del país, o Jacinto de gua en botánica popular y…poesía, o Eichhornia crassipes entre los científicos. Pero deja espacio para navegar.

Los lugareños nos acompañan, nos ofrecen tinto, bendito antes de una jornada, y nos desean suerte. Lucho y Alejandro nos despiden y   llegarán a Sabanetica por tierra.

Este es el mapa completo de los 4 días de expedición. La península arriba es Barú. Unos 110 kilómetros en total.

mapa

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Saliendo dePueblo Nuevo IMG-20170621-WA0205

De Pueblo Nuevo salimos hacia el Canal del Dique, brazo del río Magdalena que arranca en Calamar y desemboca en la Bahía de Cartagena, en Pasacaballos, cerca de la famosa refinería de petróleo de Mamonal. Pero algunos caños del Canal del Dique desembocan antes, uno de ellos, el Correa, mar afuera (pasaremos por su desembocadura) y otro par en la Bahía de Barbacoas formada por la isla de Barú y la costa. En esta ocasión saldremos al mar por el Caño Matunilla, dejando el Caño Lequerica, más cerca de Barú, para cuando la expedición sea hacia las Islas del Rosario, localizadas después de la punta de Barú hacia el oeste. En esta ocasión vamos al sur, con una primera parada en Sabanetica, cerca de la población de Libertad, otra en Rincón del Mar y desde allí, ida y vuelta, a las Islas de San Bernardo. Quedará el Golfo de Morrosquillo, con Puerto Berruga, Tolú, Coveñas, Bahia Cispatá, desembocadura del Rio Sinú y, quizá un cruce a Isla Fuerte, para próximas expediciones.

En fin, hasta el Canal del Dique son  unos 2 kilómetros y desde el Canal del Dique a Bahía de Barbacoas unos 8. Desde  la desembocadura hasta Sabanetica unos 33 kilómetros adicionales. Buena etapa para comenzar; 7 horas de remo efectivo y 9 horas en total (¡aahhjj! ¿Quién nos dijo que nos metiéramos en ésta?)

Cuando salimos del caño la Bahía está como un espejo, pero poco a poco se va levantado un viento muy suave. Enfilamos a la primera punta que se ve a lo lejos (donde termina por el sur la Bahía de Barbacoas) pasando cerca de algunas embarcaciones de pescadores. Alguno nos pregunta a dónde vamos y cuando le decimos que a Sabanetica nos dice: “¿ven aquella loma grande allá en el horizonte, a la derecha de esas dos lomitas? Ahí quedan Libertad y Sabanetica, pero eso está lejos compa, ¡ustedes son bravos ah!”.

Cuando completamos unas 2 horas largas buscamos una playita e hicimos el primer descanso. Andrés nos había asignado a cada uno 2 botellas de agua y una Gatorade, dos bocadillos de guayaba, un par de barras de chocolate, dos bolsas de maní salado, una manzana y quizá algo más, ración muy adecuada para cada una de las jornadas, aunque en esta específica, la más larga y además recién llegados de Bogotá, podría pensarse que algo adicional de agua podría haber sido prudente. Ya al final de la etapa, ante la disyuntiva de salir del rumbo y arribar a un pueblito poco atractivo para reaprovisionarnos, surgió la reflexión de que haber aligerado la carga entregándoles las bebidas de las siguientes jornadas a los amigos de tierra quizá no era la mejor idea; se debe ir con autosuficiencia de bebidas y provisiones. De todos modos no fue grave, desechamos la llegada al tal pueblito y al final compartimos la dotación de líquido entre todos.

De esta expedición debe destacarse la soledad de las riberas. A diferencia del turismo y las casas de recreo que se observan en el viaje a Playa Blanca en Barú e Islas del Rosario, en esta zona, salvo llegando a Rincón del Mar, donde hay unas pocas, en todo el recorrido se respira una agradable sensación de naturaleza. De hecho, un buen trecho de esta primera jornada pertenece al parque natural Santuario de Flora y Fauna el Corchal (más o menos entre Boca Cerrada y la desembocadura de Caño Correa). Por otra parte, toda esta área parece estar protegida de la brisa norte que sí pega fuerte en Cartagena y, por lo tanto, no es zona de rompientes y se puede llegar, al menos en esta época del año (junio), suavemente a cualquier orilla, en general de manglares.

También llama la atención que en ciertos trechos el mar es morado,  sucio y espumoso, de poca profundidad; los pescadores colocan pértigas para indicarle a las lanchas. Para nosotros el asunto no implica problema alguno, por supuesto. Lo del color  debe ser por los riachuelos que desembocan por ahí.

La desembocadura de Caño Correa, hasta unos buenos 100 metros dentro del mar, es bastante llana, hasta el punto de que con frecuencia los remos tocaban fondo lo cual nos obligaba a alejarnos un poco. En este punto ya completábamos casi otras 2 horas y media y por lo tanto hicimos un segundo descanso, un poco más largo que el primero.

AQUÍ VIDEO DESCANSO PARA ALMUERZO DESPUÉS DE CAÑO CORREA

Antes de embarcarnos nuevamente vimos en el mapa y concluimos que la punta que se veía allá, al sur, estaba realmente cerca y, por tanto, en menos de una hora la alcanzaríamos, viraríamos a la izquierda y listo. Pero resultó una de las mayores ilusiones ópticas de que se tenga noticia. Dele y dele y dele y cada vez se alejaba más. Punta infinita la bautizamos. Además, fue en este tramo lo de la idea de reaprovisionarnos en el pueblito, que también resultó lejanísimo y finalmente nos arrepentimos pero ya habíamos perdido la línea recta hacia la punta.

Por supuesto llegamos y viramos, sí, pero Sabanetica tampoco estaba tan ahí, sino más allá; el cansancio influye, claro. Finalmente aparecieron Alejandro y Lucho moviendo los brazos y nos ayudaron a hacer tierra, descargar y trasladar los kayaks al sitio en donde se preveía la pernoctada, unos doscientos metros adentro.

 

recibimiento en Sabanetica IMG-20170621-WA0235 (002)

Alejandro nos hace un homenaje con una copita a cada uno. El muchacho de la derecha solo tiene 62.

Aquí se aprecia como maestro:

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Los alojamientos en SabaneticaIMG-20170621-WA0184

Recomponiendo el ánimo antes de una visita al puebloIMG-20170621-WA0224

Se recompone el ánimo antes de una visita al pueblo. Al fondo el comedor y cada lado del portón los cuarticos donde dormirían Alejandro y Lucho. El jefe es el hombre que está a la izquierda. Luego llegarían la esposa, la nieta, la hija y el yerno. Y un par de conocidos, uno de los cuales es pescador de arpón artesanal, con capacidad de 8 brazas de descenso.

Todo pueblo tiene su encanto y su santo protector:

IMG-20170622-WA0034Los pelaos de Sabanetica con sus arosIMG-20170621-WA0239IMG-20170622-WA0015

 

La cerveza te hidrata cuando estás cansado:

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Se come buen pescado en el comedor, al fondo del portón que se ve en la foto; una porción potente de arroz blanco, dos patacones y ensalada de cebolla, tomate, lechuga y zanahoria. Bien.

A Lucho y a Alejandro los acomodan a cada uno en un cuartico y a Felipe, Andrés y a mí no mandan para la casa de al lado, que está casi terminada pero sin ventanas, en la cual nos adecúan, con sus sábanas y almohadas, unos colchones con un abanico eléctrico para cada uno, pero sin el protector, como para volarse los dedos en un descuido.

Magnífica noche contra todos los pronósticos, sin mosquitos y no se va la luz, es decir, con ventilador sin pausa. Cae un aguacero largo, de proporciones bíblicas con truenos y centellas que deja inmensos charcos en la playa. Menos mal que no utilizamos las carpas.

 

SEGUNDA JORNADA. SABANETICA A RINCÓN DEL MAR

Levantada a las 5am en punto, café cerrero, sacar el agua de los kayaks.

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Y a la playa para ser despedidos por un buen comité:

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¡Inolvidable! Faltó Andrés, pero alguien tenía que tomar la foto.

Una remada agradable y tranquila, de unas 3 horas y media, que no requirió de paradas en tierra.

Rincón del Mar es un pueblo con hoteles modestos pero bien dotados y escuelas de buceo. Allí, desde el desembarco, nos adopta Yosjaiber, quien nos ayudaría con los kayaks, el equipaje, iría a recibir a Alejandro y Lucho, les arreglaría lo del parqueadero, lavaría la camioneta, les conseguiría la lancha para el cruce de ellos a Tiitipán y todo lo que se nos ofreciera.

Después de Sabanetica, lo de Rincón es una verdadera suite con tres espacios para dormir y un comedor en una terracita. El dueño resulta ser un Quindiano jubilado del magisterio que administra el asunto con la señora y, la verdad, son muy amables y el negocio funciona muy bien. Al regreso de las Islas almorzamos allí y nos permiten tomar una deliciosa ducha de agua dulce.

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“…y ahora llegó el balance, recuento de la jornada…”

Una caminada por el pueblo, el cual está dividido en dos por la entrada del mar a una especie de ciénaga interior, con la novedad de que hace unos días se cayó el puente peatonal que pasa de un lado al otro y, por lo tanto, debemos ser transportados por un bote que es jalado de lado a lado por un par de muchachos que recogen la cuerda atada a la embarcación; $800°° el viaje. Pero ya lo están arreglando, no con tablas iguales ni nada de esos refinamientos, sino con lo que se consigue, haciendo una armazón que se tiene.

Ese día estaba en una placita un bus del Ministerio de Comercio Industria y Turismo y habían organizado un concurso de baile pa gozá el reguetón. En la noche nos visitaría en el hotel una compañía de bailes típicos de los niños del pueblo, que nos ofreció una buena tanda de cumbias y mapalés.

Grupo infantil de danzas de Rincon del MarIMG-20170621-WA0247 (002)
El pelao de la mitad bailaba menos pero tenía unos ojos enormes.

La tarde la pasamos en la playa saboreando la brisa y el paisaje:

Mi papá es un pescadorIMG-20170624-WA0000
Mi papá es pescador
Se acaba la jornadaIMG-20170621-WA0153
Fin de la jornada, vamos p la casa.

Y el sol se despide:

Y el sol se despideIMG-20170621-WA0155

Pero además, disfrutamos de un excelente partido de béisbol:

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Aquí se ve al lanzador, al jardinero izquierdo y al central, al segunda base cuidando a una corredora y al primera base volviendo a su lugar. A la izquierda, al fondo, nosotros animando las jugadas.

LA ÚLTIMA ETAPA. ISLA DE TITIPAN A RINCÓ DEL MAR

Cinco de la mañana, tinto, preparación del equipo y a la mar. La idea es cruzar a Isla Mangle y de allí, sin pasar por Isla Palma, enrumbarnos directo a Rincon aprovechando la clara referencia de las montañas en la costa. Después decidiríamos prescindir también de Isla Mangle, puesto que así la jornada no pasaría de 3 horas. Sin embargo, para contra restar el viento sur con su oleaje, tendríamos que navegar contrarrestando las olas y, en definitiva, resultamos haciendo casi 5 horas seguidas, lo cual resultó duro. A propósito, las olas grandes no llegan solas sino en parejas, tal como lo saben los surfistas, por lo cual, cuando atacan de través, hay que concentrarse en el balanceo para no empaparse.

Pero en fin, gocemos un poco del amanecer en Titipán:

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Y una proa al atardecer:

Y una proa al amanecer

La llegada a Rincón del Mar:

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Expedición finalizada, con el favor de Neptuno y de Karib Kayak & Paddle Center y el gran Andrés Sánchez su director de mar y tierra, a quien le agradecemos por su amistad y profesionalismo.

 

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